Desde que ponemos un pie en este mundo hasta que llega nuestro día somos juzgados. Es así, ha sido así y será así, nadie va a poder cambiarlo. 

Crecemos dándole un valor más elevado del real a las opiniones de los demás ya que nos encontramos en una sociedad altamente competitiva en la que si no pisas al prójimo el pisado eres tú, en parte gracias a los medios de comunicación. El fracaso no se lleva bien y está muy mal visto. 

Lo que sí podemos cambiar es la forma en que nos afecta, tanto a nuestros sentimientos como a nuestros actos.

Ser uno mismo, qué bonito queda y qué bien suena. Pero exactamente, ¿qué es ser uno mismo? No se me ocurre una respuesta a esta pregunta más acertada y concisa que la de ser auténtico, sin más.

Ser auténtico es vivir en consonancia con lo que realmente uno quiere y siente que debe hacerlo sin importar qué es lo que va a pensar el resto. Para cada persona será muy diferente el llegar a ser uno mismo.

Debemos vernos y mostrarnos como un ser humano con nuestros defectos además de nuestras virtudes, ya que es imposible que podamos ser perfectos, por lo que no es necesario proyectar una imagen de perfección cuando está claro que no puede ser real ya que nos resta autenticidad.

Cuando no estamos en completa consonancia con nuestro yo, cuando actuamos aunque sea ligeramente para gustar más a los demás, para ser aceptados socialmente o por el motivo que sea, estamos reprimiendo nuestra capacidad creativa y poco a poco vamos entrando en un bucle del que cuanto más adentro estemos más costará salir.

¿Quién no ha tenido la sensación de sentirse cansado, ansioso, triste, infeliz, como si tuviera una mochila cargada en la espalda las veinticuatro horas del día por el simple hecho de saber que lo que estaba haciendo con su vida o la imagen que estaba proyectando no era realmente lo que le gustaría hacer o la imagen que le gustaría mostrar al mundo?

“Ningún hombre puede sentirse cómodo sin tener su propia aprobación”. Mark Twain. 

Inevitablemente la mayoría de personas crean un personaje que encaja más en la sociedad en la que vivimos, para que no se les recriminen sus actos y pensamientos. Ese personaje nos empuja con fuerza hacia abajo en los distintos ámbitos de la vida, porque si el yo real y el yo proyectado no empujan en la misma dirección es muy complicado crecer a nivel personal a un ritmo constante y adecuado.

El mejor ejemplo de ser uno mismo lo tenemos en los niños pequeños, cuando todavía no son conscientes de cómo funcionan las cosas, cuando todavía no han conocido el egoísmo, las mentiras, la hipocresía, la envidia, etc. En ese momento simplemente se despiertan y viven el día haciendo exactamente lo que desean hacer y prácticamente siempre en el momento en qué quieren.

¿Qué podemos hacer para acercarnos un poquito más a ser nosotros mismos?

El primer paso es conocernos bien, saber exactamente qué es lo que nos hace vibrar desde lo más adentro, cuáles son nuestras pasiones y cómo nos gustaría ser vistos sin perder la fidelidad hacia todo lo anterior. Es primordial que tengamos claro qué es lo que nos hace felices.

Muchas veces nos daremos cuenta de que algunos de nuestros valores se encuentran en conflicto entre ellos. Esto es debido a que nuestra personalidad hoy en día se encuentra influenciada por el alto nivel de multiculturalidad y heterogeneidad de la sociedad.

“Ser uno mismo en un mundo que constantemente trata de que no lo seas, es el mayor de los logros”. Ralph Waldo Emerson. 

Algo muy beneficioso para nuestra causa será rodearnos de gente positiva y a poder ser auténtica ya que será la mejor base de aprendizaje para nuestro desarrollo personal de una forma natural. Simultáneamente deberíamos ir alejándonos de aquella gente tóxica y que no puede aportar nada de valor a nuestra vida en ninguno de los ámbitos relacionados con dicho desarrollo.

Es importante tener claro que al igual que siempre tendremos defectos, que para ser una persona única y especial no es necesario realizar nada extraordinario o fuera de lo común, al igual que seguir una moda pasajera si es justo lo que nos pide nuestro cuerpo en ese momento tampoco hará que seamos una calcomanía más.

Ser uno mismo no siempre es algo que se tenga que encontrar, en ocasiones será algo que tengamos que crear a partir de las semillas de nuestros sentimientos, pasiones y motivaciones.

No tiene por qué ser un camino fácil ni tampoco breve, dependerá de lo lejos que se encuentre cada uno y de la facilidad que tenga para conocerse y adaptarse al medio, pero la recompensa desde luego vale la pena. 

Imagínate vivir con una sensación constante de que lo mejor que te podría haber pasado en la vida es haber nacido siendo tú, sin envoltorios, sin etiquetas puestas por los demás, sin presión por si lo que haces gustará a alguien o no. 

Cierra los ojos durante un minuto y visualiza cómo sería tu vida si realmente todos y cada uno de tus momentos, tus decisiones y tus actos fueran auténticos, que salieran de ti mismo, que todo lo que haces te hiciera feliz y no te supusiera ninguna presión social (¡te he pillado con los ojos abiertos! ¡hazlo de verdad antes de seguir leyendo!). Agradable sensación, ¿verdad? Ahora imagínate sentirte así los 1440 minutos que tiene un día.

“Sé tú mismo, todos los demás ya están ocupados”. Oscar Wilde.

Comparte el post si te ha parecido interesante. Igual entre todos conseguimos que en el mundo cada día haya un poco más de autenticidad. Muchas gracias. 🙂

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